
lunes, junio 25, 2007
Hoy hablamos de Heathcliff

jueves, junio 21, 2007
martes, junio 12, 2007
LA SIESTA


Bajo el techado de cañizo seco, la mujer se duerme enseguida en la sombra, cansada del trabajo. Mientras, el hombre sigue segando un poco más. Se para y se seca la frente con un pañuelo apelmazado ya de sudor. Levanta la vista hacia el botijo, que mantiene en el cañizo. Pero se olvida del agua fresca cuando ve el pelo extendido, en ondas de color ámbar; la mujer se ha soltado el pañuelo para dormir, y el pelo rebelde se le extiende libre como una fuente. El hombre se acerca al cañizo despacio, para mirarla; le parece que ella está muy lejos, lejos del trabajo, del calor y de su mirada. Se agacha y extiende los dedos hacia el pelo, pero no se atreve a tocar. Si la despierta, estropearía la magia. Agachado junto a ella, la mira con una mezcla de deseo y angustia. Finalmente, se acerca al agua, bebe y se da la vuelta para seguir trabajando.
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Mientras duermes, me siento a mirar el mar. La marea está baja, como si el mar se retirara a la misma hora que los bañistas vuelven a sus hoteles y a sus apartamentos. El susurro del mar es mínimo; los sonidos han dejado paso a los olores; sólo el cacharreo lejano de los camareros fregando en un chiringuito me distrae un momento, luego cierro los oídos y abro mis fosas nasales para acumular en mi memoria el instante. El suave olor a coco de tu bronceador, el viento que infla y desinfla la sombrilla viene cargado del aroma de África, el pequeño olor húmedo de tu bañador. Abro los ojos y veo el mar como telón de fondo, y sobre él sitúo la sagrada hora solar de la siesta, el ligero vello rubio de tus brazos que agita el aire, tu cara oculta por tus mechones mojados y desteñidos por el sol y tu sonrisa de sosiego. Siesta y mar. Silencio.