-"¡Un queso!" , grité entusiasmada.
-"Frío, frío", me decía él.
-"¡¡Un libro!!".
Como lo adiviné a la segunda, aún tuvo que andar mareando la perdiz y me pidió que adivinara qué libro era. Cuando lo saqué de la bolsa vi un relámpago rojo y negro. ¿La historiadora? Empecé a enumerar libros de terror y vampiros, pero no daba ni una. Al final, Grego me abrazó por el cuello para leerme la introducción de la contraportada y tenerme inmovilizada a la vez. Dos palabras me sonaban: Solarin y Velis. De El Ocho. Curiosamente antes de ayer se lo dejé a Darth Braul (calculo unos diez años hasta que me lo devuelva). No podía ser el mismo libro porque Gre estaba delante cuando se lo di.
Y oh, felicidad, era El Fuego, la segunda parte de El Ocho.No tenía ni idea de que fuera a salir una segunda parte. Pone que sale a la venta el lunes, pero yo ya lo tengo. Otra primera edición de parte de Gre. Siempre me compra primeras ediciones, qué solete más grande.

Desde luego, El Ocho me encantó. Quizá tenga sus fallos, pero es mucho más interesante que el Bodrio Da Vinci. Me parece mucho más documentado, más elaborado, menos lineal y con más interés. Aparte del contexto histórico de la crisis del petróleo del 73, que lo presenta de un modo diferente, Neville juega con las maravillas de Argelia -qué lástima no poder ir-, con Napoleón y su familia, con los cartagineses, los dioses prehistóricos del Tassili sin incurrir explícitamente en los extraterrestres (cosa que es de agradecer), con personajes de la revolución francesa, con Catalina la Grande (la autora parece tener fijación con su propio nombre) y con el ajedrez. Soy la peor jugadora del mundo de ajedrez, pero me chiflan las novelas donde se habla de él: La tabla de Flandes, El Ocho, Harry Potter...
Obviamente, no he empezado a leerlo porque estoy leyendo Madame Bovary, y, aunque la tentación de dejar a la Bovary a la mitad y retomarla después es grande, no lo haré, que la Bovary acaba muy malamente. Ya os contaré qué tal El fuego. Ojalá no me decepcione.