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lunes, junio 14, 2010

Recuerdos de la Ilíada

Ojeando el otro día el periódico me topé con esta foto . Este aqueo de tremolante casco que anima a sus héroes me ha hecho imaginar qué pensaría Homero si levantara la cabeza y lo viera. Y si alguien tuviera a bien explicarle que no es más que una competición deportiva donde once aqueos luchan contra otros once hombres por la posesión de una pelota; que las hermosas grebas se han convertido en espinilleras de tela que se llevan por debajo de las medias; que ya no se practica deporte desnudo, sino con un poco favorecedor uniforme; que el guerrero que agita la bandera, a pesar de su gesto atemorizante, ve la lucha cómodamente sentado, ¿qué se le infundiría al buen señor que cantaba la cólera del Pelida Aquiles?
Con todo, me gusta la foto. Me parece un griego de 2800 años trasladado a nuestro prosaico mundo de crisis económicas, panes y circos varios. Será deformación profesional o exceso de imaginación, o las dos cosas, permítanme estas licencias, pero me gusta el guiño histórico que este aficionado ha hecho y me gusta que el fotógrafo lo haya cazado rugiendo por sus colores. Qué recuerdos.

lunes, marzo 15, 2010

"El minotauro apenas se defendió. "


"La casa de Asterión" de Jorge Luis Borges parece poner en palabras lo que significa esta imagen. La infinita soledad y tristeza del monstruo que no ha elegido ser como es. Leedla pinchando en el enlace.

domingo, diciembre 06, 2009

Mis señores favoritos

Nunca me ha dado en la adolescencia por empapelar mi carpeta y mi cuarto con fotos de efebos y no tan efebos de agraciado cuerpo y rostro. Mi hermana Hipnótica alegará que en nuestro cuarto dominaba un enorme póster de Mark Knopfler. Confiteor, pero Mr. Knopfler no es de agraciado cuerpo y rostro.

Aunque sí que es mi primer señor favorito. Lo es desde 1985, cuando lo descubrí en un concierto televisado desde el Wembley Arena y desde ese momento deseé ser una guitarra eléctrica para acabar en sus manos. Es mi amor platónico más largo; de hecho, lo sigue siendo hoy, a sus sesenta años (¡¡¡madre, cómo pasa el tiemporrrrrrr!!!). Claro que yo tampoco me quedo corta en lo que a edades provectas se refiere.

El segundo es Hugh Jackman. No sé qué puedo decir ante semejante prodigio de la genética, sólo quitarme la gorra de calaveras y presentarle mis respetos con recogimiento. Está guapo hasta con orejillas loberas. Deberían hacerlo Príncipe de los Cuentos sólo por ser como es.

El tercero, Jonathan Rhys Meyers, se sale un poco de mi tipo: tiene los labios demasiado carnosos para mi gusto y un cierto aspecto pendenciero, y parece que le gusta serlo de vez en cuando, pero tiene una mirada sobrecogedora y , sospecho, su aspecto juvenil le acompañará per saecula saeculorum, o al menos durante más años que al resto de los mortales. Todavía no sé si me produce admiración o envidia.

Y el otro señor favorito parece salido del cincel de Fidias. Al menos, ha salido del mismo terruño. Sakis Rouvas es la muestra de que el yogur griego es el mejor del mundo. Parece que su ingesta ha producido héroes y efebos de belleza olímpica como éste buen señor que se apoya en una estructura adintelada. Sólo les confesaré un sucio secretillo: en las fotos está mejor que en movimiento, pero aún así, nos reconcilia con la Arcadia feliz, con los aqueos de hermosas grebas y con Eros abatiéndose como un viento sobre las encinas.