Mostrando entradas con la etiqueta cocina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cocina. Mostrar todas las entradas

lunes, mayo 31, 2010

Invento culinario


Esto es cocina de carencias, es decir, aquello que hacemos cuando el frigo y la despensa están más pelados que un trasero mandrilero.

El caso es que ayer por la tarde noche se me antojó encerrarme en mi laboratorio a preparar una cenutria algo más graciosa que el triste sandwich de todas las noches y me salió una tortilla que pienso llevar al primer día de campo al que vaya. He aquí:

INGREDIENTI:
  • Hamburguesas preparadas del Aldi. Le quitas la cebolla ésa con la que vienen, que tiene una pinta asquerosa y verduzca.
  • Latita de guisantes y zanahorias baby (¡escurrida, que si no, termináis para la hora del desayuno!)
  • Un tomate natural pelado y picadito.
  • Dos ajitos.
  • sal, aceite y huevos (como tres o así).

PREPARAZIONE:

Después de quitarle las horribles cebollas a las hamburguesas, se pican en la picadora, valga la rebuznancia. En una sartén se fríen los ajitos a fuego lento, cuidando de que no se pongan muy negros. Se añade el tomatín y se deja ablandar; luego va la latita de guisantes y zanahorias. Existe la opción de regalar todo esto con un chorreoncillo de tomate frito, pero eso no es obligatorio. Cuando ya está todo blandito, se añaden las hamburguesas picadas (como ya están hechas, no hace falta dejarlas mucho tiempo). Se deja mermar el posible líquido que tenga el mejunje. Mientras, se baten los huevos. Si no tenéis muchos y pensáis que no van a ser suficientes, recurrid al sucio truco de batir primero las claras hasta que suban bastante y luego las yemas. Se echa el mejunje anterior, se comprueba de sal y se cuaja. Queda una tortilla de lujo y quedáis como señores, siempre y cuando no dejéis ver al invitado de turno vuestra despensa arrasada por los hunos de fin de mes.

lunes, agosto 04, 2008

Hoy toca receta

Es del libro mágico de Simone Ortega. Es sencillísima y queda de escándalo. Muy buena, así que pienso repetirla.Por cierto, que los filetes de panga han sido un descubrimiento. Los compro en Mercadona, congelados, pero están buenísimos, tienen una carne blanca y jugosa...mmmmmm... Yo es que soy de pescado, casi no como carne, sólo pollito y pavo.

lunes, febrero 19, 2007

Lunes de descanso

Hoy no trabajo, ni mañana tampoco. Me he levantado tarde. No me gusta hacerlo, me da la impresión de que pierdo el día, pero el sábado fue mortal de necesidad, y ayer todavía arrastraba el cansancio. Como para estar en una comparsa, igual que mi hermana Pili, ahí la tienen ustedes, metro y medio sobre la superficie de marcha desaforada y carnavalera:



No, yo soy más tranquilita, por eso, cuando salgo y rompo la pana, como me ocurrió el sábado, luego quedo para el arrastre. Y aunque me lo paso bien, no puedo dejar de pensar en el silencio de mi habitación y el placer de leer un libro en la cama, a la luz de mi lamparita. O en su defecto, si el sueño no viene, me gusta sentarme ante el ordenador y trastear por esos mundos virtuales.


Pero vaya día que nos ha salido hoy, nublado y frío...



Es un día para quedarse en casita, calentita y a gusto. Luego, ponerse a cocinar tranquilamente, disfrutando de la lenta alquimia de los fogones, jugando con la vista, el oído, y sobre todo, del olfato y el gusto. Qué placer el del olor del ajo al freírse, el dorado del aceite, el sabor de la comida bien hecha. Me encanta cocinar por placer. Cuántos sábados por la tarde me he puesto a cocinar en vez de sentarme a ver la tele, buscando una receta nueva, o simplemente inventándomela. Me gusta más cocinar que comer. Es el proceso lo que me fascina. Mi cocina es mi laboratorio, mi santuario, donde sólo yo puedo estar mientras cocino. Nadie puede ayudarme mientras estoy allí metida. Sólo yo gobierno en esos nueve metros cuadrados. Tengo absolutamente prohibida la entrada cuando estoy allí, aunque sea para preguntar qué estoy haciendo, o para, simplemente, pasar al patio. Y sin embargo, me queda tanto por aprender. Cocino desde los dieciocho años, es decir, llevo media vida cocinando, pero provengo de una familia de grandes cocineras, y siento que no tengo su nivel. Quizá porque no tengo todo el día como ellas. De todas las hermanas y primas (los hombres de mi familia no muestran demasiada inclinación por estos menesteres, y si alguno lo hace, deja la cocina como si hubiera tenido lugar allí el desembarco de Normandía), la única que disfruta arrimándose al fuego soy yo. Sólo espero seguir mejorando con el tiempo. Pero todavía me da vergüenza llevar mi pepitoria, mi bizcocho de la yaya o mi tortilla de papas a las reuniones familiares. Sólo mis croquetas llegan al nivel requerido, pero eso es pura genética.