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jueves, abril 01, 2010
miércoles, octubre 01, 2008
De ratones y nenes

Esta mañana me he acordado al despertarme de una poesía de mi libro de lengua de 1º de E.G.B.que todavía recuerdo. Dice así:
Ratoncete era un ratón
muy simpático y travieso
que comía mucho queso,
carne, chorizo y jamón.
Pero un día en que comía
muy feliz y muy contento,
no vio que el gato venía
y el gato allí lo zampó
y aquí se acaba este cuento.
Enseguida iban a publicar ahora esa poesía en un libro de 1º de primaria, qué crueldad, por favorrrr, ¿no? que un gato se zampe a un ratón distraído y que la historia termine abruptamente con el festín del gato. Después de habernos presentado a Ratoncete como un roedor más salao que las pesetas. Y por supuesto, la dieta de Ratoncete es in-con-ce-bi-ble: colesterol y grasas malignas a cascoporro, ¡¡¡pecado, pecadooooorrrrlll!!!. No, ahora Ratoncete comería lechuga, se limpiaría meticulosamente los dientes, como buen congénere de Pérez (cosa que se pasa por alto en el poema)y acabaría yéndose a jugar a la play con el gato. Eso de que un gato mate en una poesía infantil......maloooooo...y esa fulminante manera de acabar la poesía...
Por supuesto, estoy traumatizadísima con la terrorífica historia de Ratoncete. Desde que la leí, mis sueños están poblados de cacerías de gatos y roedores y no pruebo el queso desde entonces. No sea que me coman.
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Productos del tedio
miércoles, mayo 02, 2007
Este es mi poeta favorito
A Rabindranath Tagore lo descubrí en mi adolescencia, gracias a la "Obra escojida", editada por Juan Ramón y su esposa, Zenobia Camprubí, y publicada por Aguilar (un libro que lamentablemente, he perdido) Quizá su obra más conocida sea la obra de teatro "Amal y el cartero del rey", tan triste pero tan esperanzadora, pero la verdad es que nada en su obra tiene desperdicio. Es poética y hermosa y te parece estar allí en la India mientras lees cualquiera de sus cuentos o los aforismos de "Pájaros perdidos". Os dejo aquí un fragmento de "El Jardinero", a ver qué os parece: 
El servidor: —¡Oh, Reina, ten piedad de tu servidor!
La Reina: —Terminó ya la asamblea, y todos mis servidores se han ido. ¿Por qué vienes tan tarde?
El servidor: —Mi hora llega cuando la de los demás ha pasado. Dime qué trabajo ordenas al último de tus servidores.
La Reina: —¿Qué puedo ordenarte, si es tan tarde
El servidor: —Hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Qué locura es ésta?
El servidor: —Renunciaré a cualquier otra tarea, abandonaré al polvo mis lanzas y mis espadas. No me envíes a lejanas cortes. No me pidas nuevas conquistas: hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Y en qué consistirá tu servicio?
El servidor: —En llenar tus ocios. Conservaré fresca la hierba del sendero por donde vas cada mañana y donde, a cada paso tuyo, las flores deseosas de morir bendicen el pie que las pisa. Te meceré entre las ramas del saptaparna mientras la luna, apenas levantada en la noche, intentará besar tu vestido a través de las hojas. Llenaré con aceite perfumado la lámpara que arde junto a tu lecho y adornaré tu escabel con maravillosas pinturas de azafrán y sándalo.
La Reina: —¿Y cuál será tu recompensa?
El servidor: —Que me des permiso para tener entre mis manos tus pequeños puños, que parecen capullos de loto, y para rodear tus brazos con cadenas de flores; que pueda teñir las plantas de tus pies con el zumo encarnado de los pétalos de ashoka, y recoger, con un beso, la mota de polvo que pueda posarse en ellos.
La Reina: —Tus ruegos han sido escuchados.
Serás el jardinero de mi jardín.
La Reina: —Terminó ya la asamblea, y todos mis servidores se han ido. ¿Por qué vienes tan tarde?
El servidor: —Mi hora llega cuando la de los demás ha pasado. Dime qué trabajo ordenas al último de tus servidores.
La Reina: —¿Qué puedo ordenarte, si es tan tarde
El servidor: —Hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Qué locura es ésta?
El servidor: —Renunciaré a cualquier otra tarea, abandonaré al polvo mis lanzas y mis espadas. No me envíes a lejanas cortes. No me pidas nuevas conquistas: hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Y en qué consistirá tu servicio?
El servidor: —En llenar tus ocios. Conservaré fresca la hierba del sendero por donde vas cada mañana y donde, a cada paso tuyo, las flores deseosas de morir bendicen el pie que las pisa. Te meceré entre las ramas del saptaparna mientras la luna, apenas levantada en la noche, intentará besar tu vestido a través de las hojas. Llenaré con aceite perfumado la lámpara que arde junto a tu lecho y adornaré tu escabel con maravillosas pinturas de azafrán y sándalo.
La Reina: —¿Y cuál será tu recompensa?
El servidor: —Que me des permiso para tener entre mis manos tus pequeños puños, que parecen capullos de loto, y para rodear tus brazos con cadenas de flores; que pueda teñir las plantas de tus pies con el zumo encarnado de los pétalos de ashoka, y recoger, con un beso, la mota de polvo que pueda posarse en ellos.
La Reina: —Tus ruegos han sido escuchados.
Serás el jardinero de mi jardín.
Etiquetas:
poesía
martes, febrero 20, 2007
Más poesía para hoy
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín

fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.
Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón ".
Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
(Antonio Machado)
lunes, febrero 19, 2007
Hoy toca poesía
Una de mis favoritas, de Emilio Prados:
VEGA EN CALMA
En la tarde hay un sapo
VEGA EN CALMA
Cielo gris.
Suelo rojo.
De un olivo a otro
vuela el tordo.
En la tarde hay un sapo
de ceniza y de oro.
Suelo gris.
Cielo rojo...
Quedó la luna enredada
en el olivar.
Quedó la luna olvidada.
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poesía
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