miércoles, septiembre 05, 2007

Voyage, voyage. Tercer día. La gran paliza.

El tercer día tampoco tuvo desperdicio, aunque no empezamos con buen pie. No sabíamos que en París los museos no cierran el mismo día, así que nos fuimos al museo d´Orsay y nos lo encontramos cerrado a cal y canto. Pero no nos amilanamos, como estábamos cerca, pusimos camino a Los Inválidos. La cúpula había subyugado a Grego desde el primer día, y subiéramos donde subiéramos, él la buscaba incansablemente. Camino a Los Inválidos, nos llamó la atención que los bomberos estuvieran jugando al rugby en el césped; imaginamos que lo hacían como entrenamiento, pero bueno, era agradable ver a fornidos mozos en pantaloncillos cortos correteando cual chicuelos en pos de un balón apepinado. En los Inválidos aún no habían abierto, y nos paseamos entre los cañones que había alrededor del patio de armas, leyendo sus nombres y sus historias. A mí me gustó éste, que parece más un mortero que otra cosa. Luego abrieron la iglesia, y después de bichear y pasear arriba y abajo, nos sentamos a esperar que pudiéramos entrar a ver la tumba del pequeño gran hombre, en cristiano, Napoleón. Media hora más tarde de la hora de apertura, el sacristán seguía pasando el plumero por las columnas de la tumba, así que nos cansamos de esperar y, decidiendo que éramos españoles y ningún emperadorzuelo francés nos iba a tener esperando, ni aun después de muerto, nos fuimos en pos de nuevas aventuras.

Nos vamos a Notre Dame. No es que me decepcionara exactamente, pero me la imaginaba más grandota. Aun así, es una catedral muy bonita, tiene cositas muy aparentes y una historia muy interesante: allí se celebró la curiosa boda de la reina Margot y Enrique de Navarra y también se autocoronó Napoleón. La entrada es gratuita, sólo hay que pagar si quieres subir a departir un rato con las gárgolas. Pero la cola para subir era inmensa, así que decidimos dejarlo para el día siguiente, y propuse ir a ver la Santa Capilla. La Santa Capilla es muy curiosa; se construyó por 40.000 monedillas del medievo para albergar la corona de espinas (presunta, en la Edad Media había un estraperlo de reliquias impresionante, y casi todas estaban adulteradas), que costó 130.000 cucas medievales. Para entrar hay que pasar por un control policial, ya que el edificio está dentro del Palacio de Justicia. Es chiquitita, pero maravillosa. Tiene dos pisos, el de abajo, dedicado a la Virgen y el de arriba, que es donde se encuentran las vidrieras. Lástima que hubiera un andamio en el ábside; pero pudimos ver a gusto las vidrieras, su fastuoso colorido y la exquisita decoración a la francesa, es decir, azul y flores de lis doradas. Ahí van unas fotos:
De allí, cogimos el metro y nos fuimos a Montmarte.Cuidado con la estación de Abesses, tiene unas escaleras de caracol tremendas (uf), aunque uno puede ir disfrutando de las pintadas de las paredes, son muy cucas, de paisajitos y cosillas así. Ya era la una de la tarde y decidimos comer en una terracita, antes de que todo el mundo se pusiera a comer, aunque ya estaban los bistrots bastante llenos. Nuestro bistrot era italiano y se llamaba Bella Italia. Los camareros eran franceses e hindúes, pero las pizzas estaban de vicio, y no fue caro. Lo bueno que tiene comer en París es que los restaurantes tienen la obligación de poner en la entrada los precios, entonces uno puede decidir dónde le conviene comer y la sombra de la bandurria en el metro deja de planear sobre nuestros bolsillos. Por cierto, los camareros de París, sin excepción, son encantadores, simpáticos y siempre te preguntan si va todo bien, aunque hay que ser rápido al pedir, siempre van volados.

Para bajar las pizzas, nos encaminamos al Sacré Coeur. Vimos un funicular, pero no le hicimos demasiado caso y subimos por las escaleras (uf). Arriba, había que subir más escaleras para entrar en la basílica (uf). La entrada es gratuita, pero no se pueden hacer fotos. Pero yo, que soy algo desobediente, robé una del mosaico del ábside, que es de influencia bizantina aunque se le ve el pajeo moderno. Es uno de los más grandes del mundo y es mono, mirad:
Y aquí va un Slide con fotos de cuando subimos arriba del Sacré Coeur (cuando subes, pagas). Muchas escaleras (uf) de caracol, estrechas y de techo bajo. Grego a veces se veía obligado a subirlas como un homínido, porque no tuvieron en cuenta a los hombres altos y guapos cuando construyeron la basílica.







Tengo que confesar que subiendo por las escaleras me dio un semiataque de claustrofobia, al ver que no se acababan nunca y no podía ver por dónde iba. Además, eran tan estrechas y bajitas, que deleité al resto de los turistas canturreando "Mediterráneo" de Serrat para espantar esa pequeña angustia. Fue lo primero que se me vino a la cabeza.

Una vez bajamos, nos dimos cuenta de que con nuestro billete de metro podíamos usar el funicular (grrrr...); al menos, bajamos cómodamente sentados, ya que subir, no subimos muy cómodos. Callejeando por Montmartre, vimos una tienda muy cuca llamada Les Pylones, donde vendían cantidad de chuminadas de colorines, tales como paraguas en forma de muñecas, tostadoras de colores, era todo muy bonito, pero muy caro. Allí me agencié un boli muy chiripitifláutico y un paraguas en forma de gitana para mi madre y otro para mi cuñada.

Volvimos al metro y, ¡oh!, en la estación de Concorde vimos las primeras escaleras mecánicas de París, que, además, funcionaban. Llegamos a la Plaza de la Bastilla. Nos sentamos en la Ópera un rato a ver qué hacíamos. Aviso: no queda nada de la antigua fortaleza de la Bastillas, aquello es una plaza modernilla. Si quieren ver algo, bajen a la estación de metro de Bastille y ahí queda algo de un muro, pero algo ridiculín que casi pasa desapercibido.Como andábamos cerca, fuimos a la Plaza de los Vosgos. Oye, qué bonita. Por cierto, por el camino nos bebimos la primera Piticola a precio españó, en un bar de chinos.

La Plaza de los Vosgos, decía. Me encantó. Estuvimos allí como una hora relajándonos a la sombra de los árboles en el parque y deleitándonos con la vista de los palacetes, que allí llaman Hôtels. En esta placita tan mona nació nuestro buen amigo Richelieu y vivió Victor Hugo, cuya casa se puede visitar. Antiguamente, en los palacetes que rodean el parque vivía la corte de Enrique IV, creo, no me hagan demasiado caso. Ahora alrededor de la plaza hay un montón de galerías de arte y cafés no demasiado caros. Es un sitio un poco zen, porque cuando salimos de allí, íbamos más relajaditos. He aquí algunas fotillos:

Curiosamente, mientras descansábamos, oíamos cantar ópera por ahí, pero cuando salimos de la plaza, nos dimos cuenta de que era un contratenor, es decir, un hombre que lo mismo canta como soprano que como tenor. Estaba de pie bajo uno de los arcos de salida, con un sombrero de payaso y la mirada perdida (creo que no rilaba muy bien), pero cantaba como Farinelli, impresionante. No son muy frecuentes los contratenores, en España sólo hay uno, así que haber visto a uno en vivo me parece lo suficientemente curioso como para señalarlo.
Después nos fuimos a visitar el pijerío, la Place Vendôme, donde están todas las joyerías pijas y el hotel Ritz. Es una placita muy bonita y tranquila, y los escaparates son de alivio; en Dior tenían un broche de diamantes y esmeraldas en forma de manojo de zanahorias divino. En esta foto miraba a Grego buscando su complicidad para hacerme con el collar del escaparate, que era de oro tejido, como una tela. Sólo que más tarde me di cuenta del inmenso negrón que custodiaba la puerta y desistí de mis malicias.
De allí nos fuimos al Faubourg Saint Honoré, a ver tiendas pijas. Qué decepción, yo me imaginaba una elegante avenida, pero la calle no es más grande ni más ancha que Marquesa de Pinares, por ejemplo. Y encima, las tiendas te ponen en los escaparates lo más perrucio que tienen. Lanvin tenía un espantoso maniquí con un vestido negro lleno de los pelos que se le caían a la muñeca, con un tejido malísimo, digno de cualquier mercaíllo. Decepción. Ah, y también está allí la flamante residencia de Sarkozy, el palacio del Elíseo, pero es cutre tener un palacio en esa calle, no sé, no me gustó mucho. De todos modos, como no íbamos a mercarnos nada de alta costura, pasamos.

De ahí nos dirigimos a la Opéra Garnier, donde cenamos. ¿A qúe suena bien? Pues sí, cenamos en la Opéra. Pero no en la misma Opéra ni en el café de la Paix, nooo, somos turistas pobretes, oiga, cenamos en las escalinatas de la ópera unos suculentos y módicos bocatas que compramos en una bocatería frente a la ópera. Y con esto y un bizcocho, nos fuimos al hotel, que ya era hora. Para postre, una foto de la Opéra y una escena costumbrista de los empleados del Grand Hotel fumando en la calle. Fin del tercer día.








jueves, agosto 23, 2007

Voyage, voyage... Segundo día. Las grandes cosas.

(Sin desmerecer las otras que vimos en los días siguientes).

A partir de este día, empezamos a levantarnos a las siete de la mañana, de tal modo que a las ocho estuviéramos ya en ruta. Nos metíamos entre pecho y espalda un desayuno bien fuerte (por si no encontrábamos comida a buen precio a mediodía, cosa que, afortunadamente, no sucedió), y ¡hala! a patear por París.


Como iba diciendo, a las ocho salimos del hotel en pos del Louvre, al que llegamos poco antes de las nueve. Y primera sorpresa: la entrada al museo fue gratis pa mí y pa tós mis compañeros (que en este caso, se reducían a Grego). ¿Cómoooorl? Muy sencillo, queridos muchachos: soy la feliz propietaria de una ábrete sésamo que me permite acceder al Louvre sin pagar entrada, previa presentación de mi DNI y mi carnet de discapacitada. Obviamente, muchos, o casi todos, taquilleros no saben ni papa de español, pero yo me había aprendido las palabras mágicas: "Je suis handicapée" que me abrían las mágicas puertas del Louvre.




Una vez franqueada la entrada, vimos unos maravillosos patios llenos de estatuas, bañados por una luz tamizada que las fotos no pueden reproducir: Puuuuuffff... Si tuviera que poner todas las fotos del Louvre que hicimos, tengo que abrir un fotolog nuevo sólo para eso, así que pondré un Slide con una escogida selección, ¿no?










He de decir que me gustó muchísimo la pintura, como siempre, pero también vimos arte etrusco, griego, romano, egipcio (muy interesante) y lo que más me impactó, quizá porque nunca había visto nada al natural, fue Mesopotamia, que es grandioso. A mí me iban dando soponcios cada vez que entraba en una sala nueva. Parecía como si hubiera entrado en uno de mis viejos y queridos libros de arte y de historia y me iba reencontrando con las láminas que habían poblado de fantasías mis años de bachillera. (Para mí la historia y la historia del arte no eran más que un maravilloso cuento de hadas que duraba nueve meses: la felicidad suprema). Me acordaba un montón de mi hermana Guacamole, de los pateos de emoción con que nos hubiera obsequiado al ver los toros alados del palacio de Khorsabad y la Gioconda burlándose de todos los turistas que intentábamos sacar su mejor lado. Por supuesto, Grego iba flipando también y sacando fotos a troche y moche (a mí me falló la batería de la cámara, grrrrrr). A él le tiraba más lo egipcio, pero ya digo que Mesopotamia es para mí un imán, y aunque sé muy poco y confundo a los acadios con los sumerios y los amorritas, siempre me ha atraído misteriosamente.


Bien, comicheamos en el mismo Louvre algunos sandwiches y sobre las cinco de la tarde salimos de allí. No sabía yo que una vez sales del Louvre te encuentras con los jardines de las Tullerías, así que fue una agradable sorpresa. Allí pudimos disfrutar de los dos grandes deportes nacionales (y ninguno es la petanca): hacer navegar maquetas de barquitos de vela por el estanque mediante una especie de bastón y el segundo, que me hechizó: sentarse en una silla de hierro (las pueden encontrar ustedes en cantidad diseminadas por cualquier parque) al borde de una fuente o estanque a mirar el agua.


Siguiendo en línea recta, se encuentra la plaza de la Concordia y su impresionante obelisco que luce ahora, cual boli Bic, un capuchón, eso sí, de oro, nos dijeron los lugareños.

Más allá, y siempre todo recto están los Campos Elíseos. Estaban atestados de gente y son larguíiiiisimos, y un poco cuesta arriba. Allí nos metimos en la tienda Adidas y me merqué una camiseta llena de cintas para tirar arriba y abajo de las mangas y del costado, parezco una especie de estor con ella puesta y si tiro mucho, me quedan cintajos colgando por todos lados, pero ya me apañaré y le cogeré el truco. Hay que decir que la ropa en París no es demasiado cara, siempre que no te acerques a las grandes firmas de haute couture, claro está. Como mucho, los precios suben al nivel del Corte Inglés, o sea, que no es tanto como yo pensaba. Eso sí, no osen comprar joyas (de cualquier joyería) ni zapatos (de cualquier zapatería): arruinarán su maltrecha economía con una clavada que lo llevará a pasar el resto de sus vacances en París tocando la bandurria en el metro.

Al fin, jadeantes como perrillos, llegamos a la meta, el arco de Triunfo. Muy bonito, sí, y más grande de lo que yo pensaba. A pesar de lo que habíamos andado en el Louvre, y como Aida nos lo había recomendado, pagamos para subir arriba. Ahí fue cuando descubrimos que París es la ciudad de las escaleras (de caracol en su mayoría) no mecánicas. Eran como unos 300 ó 400 escalones, pero como podías ver lo que te quedaba mientras subías y eran las primeras escaleras que probamos (pobres inocentes...) subimos con alegría, sudores y resoplidos varios. Cuando llegamos a la terraza, lo primero que Grego vio fue, a lo lejos un enorme edificio blanco lleno de cúpulas. "¿Qué es eso tan bonito?", me dijo. "Es el Sacré Coeur, de Montmartre". "Lo tendrás apuntado para visitarlo, ¿no?", me dijo. "¡Hombre! Eso ni se pregunta. Nos toca pasado mañana". Lamento decir que no tengo fotos de la basílica desde el Arco de Triunfo, ni le harían justicia, pero fue como una visión. Bueno, recomiendo subir al Arco para ver París desde arribota, como primera toma de contacto y para situarse más o menos. NO paguen por mirar en los tomavistas, son muy caros, mejor llévense un catalejo de casa. Rodeando la terraza del Arco, vimos la Torre Eiffel, Notre Dame y la Défense. Aquello no nos gustó ni un pelo: Allí a lo lejos en la Défense, justo en línea recta, se estaba formando una negra tormenta. Tras haber recuperado brevemente el resuello, Grego dijo: "Mejor nos vamos". Justo cuando bajamos y descubrimos que en el Arco se commemoran también las batallas de Gebora (sic) y Badajoz, iba a empezar un homenaje a la llamita del soldado desconocido. Qué curioso, ver a los veteranos e inválidos de guerra, con los enormes mostachos, las boinas y las condecoraciones colgadas de sus chaquetas. Pero sus gozos en un pozo, justo en ese momento estalló la tormenta y nos cayó una tromba de agua descomunal. Todos, turistas y veteranos nos cobijamos malamente en el arco hasta que la lluvia tuvo a bien disminuir una mijina. A mí me tocó emparedarme entre Grego y un gendarme que me clavó en el costado la funda de la pistola. Como piojos entre costuras. En cuanto amainó corrimos a la boca de metro más cercana y nos fuimos hasta la Torre Eiffel.


Tormenta bajo el Arco


La Torre Eiffel da miedín, o por lo menos a mí me lo dio cuando me iba acercando, porque supera las dimensiones con las que la imaginamos pero con creces. Es ENOOOORME, y conforme me iba a cercando a ella, más grande se iba haciendo, hasta que me quedé justo en medio de sus cuatro patas y miré hacia arriba...¡Maaaaaama! ¿Y si le daba por desmoronarse justo en ese momento en que la ceniza de la niña Evlita se encontraba justo debajo? pero luego nos enteramos de que esa tormentilla no había sido nada para la torre, que está diseñada para soportar rachas de viento de hasta 400km/h y que con un vientecillo algo fuertecito sólo se inclina 10 centímetros.

El error de gayolos lo cometimos al ponernos en una cola y no saber que no en todas las patas de la torre se puede coger el ascensor (11,95 eurines), así que después del rato en la cola tuvimos que pagar 7,50 euros por hacer ejercicio y subir andando hasta el segundo nivel. Encima, los escalones estaban mojados y de vez en cuando pegaba algún patinazo. Por cierto, cumplí el encargo del Marqués Henri de Guiberteau y en cuanto alcancé a la ferralla, le di unas palmaditas amistosas de su parte. La verdad es que el ejercicio merece la pena, porque la vista es impresionante aunque las fotos, como de costumbre, no hacen justicia. Y si miraba hacia fuera, me gustaba lo que iba viendo, pero si miraba hacia dentro y veía unas hormiguitas multicolores guardando cola para subir...¡buuuufff! qué vértigoooooo... Al menos entre nivel y nivel uno puede pasearse y rodear la torre, hacer fotos, mirar por el tomavistas (¡no lo hagáis, llevaos un catalejo, repito!), comerse un bocadillín (lleváoslo de casa, mejor), beber, sentarse, respirar hondo, sudar mientras se mira hacia arriba y se ve lo que queda... pero bueno, merece la pena, a no ser que uno tenga el corazón algo flojillo o padezca de un vértigo galopante. He aquí unas cuantas fotos:



Por cierto, lo mejor es cuando anochece y se ilumina. Y a las diez, empiezan a titilar miles de bombillitas por toda la torre durante diez o quince minutos y hace muy bonito.


Cuando nos cansamos de la torre (es un decir), nos fuimos paseando por los puentes y muelles del Sena. No nos montamos en bâteau-mouche porque no nos dio la gana. Y así hasta el puente de Alejandro III, que es el que más me gustó y el más bonito. Ahí Grego había prometido besuquearme, pero como comprenderán, no hay testimonios gráficos del evento, porque estaba oscuro, jejejeje.
Lo malo fue que no encontramos una boca de metro ni de coña, ya saben, pardilleces del primer día, y acabamos en una estación del RER, el cercanías, donde un señor amablemente nos indicó (¡en francés, y yo lo entendía!) que teníamos que atravesar el puente de Alma, de triste recuerdo, (la gente se para, mira y hace fotos al túnel de Alma...) y al otro lado estaba la boca de metro. Total, que entre las andanzas y el despiste, llegamos al hotel a las once y media de la noche, reventaditos perdidos, medio invalides. Fin del segundo día.

martes, agosto 21, 2007

Voyage, voyage... Primer día

Lamento comunicar que del primer día de nuestro viaje no hay testimonios gráficos, ya que la mayor parte del tiempo resultó algo prosaico. Por ello, pondré fotos sacadas de internete.


A las once menos cuarto de la mañana cogimos la guagua en dirección a Madrid, con la consabida parada en Trujillo para hacer aguas mayores y/o menores (atención: aseos tercermundistas. Cuidado con las infecciones bacterianas, hongos y demás parentela que pululan por los inodoros), y para hacer uso del tiquet que te regala Auto Res para tomarte un cafelito en el bar de la estación.

Llegada a Madrid con puntualidad británica. En la boca del metro un niñato rumano intentó meter la zarpa en el bolso de una chica. Al no lograrlo, intentó hurgar en mi mochila, que por otro lado, yo llevaba bien agarrada. No contaba con que Grego le soltaría un par de rugidos, y huyó hacia las profundidades del metro.

Largo viaje en metro desde Conde de Casal hasta la T4. Llegando, mi hermano me manda un mensaje diciendo que está en la puerta H37 camino de Berlín. No me dio tiempo a llegar y darle un besito, otra vez será. Una vez allí, la ventanilla de Viva Tours estaba cerrada, menos mal que la gente es amable y nos mandó al mostrador de Iberia. Qué agradable sorpresa, en la T4 facturas enseguida y hay maquinitas de botones de las que a mí me gustan para sacar el billete y la pegatina de la maleta, así como para elegir asiento. Elegí uno de pasillo para Grego, que por su estatura, suele tener problemas de enlatado en este tipo de sitios.


La T4

Facturamos enseguida y Grego y yo nos dedicamos a internarnos en la procelosa selva de la T4 cual avezados exploradores (en cristiano: que nos pateamos la terminal de pe a pa). Nos zampamos un MacFlurry en el MacDonald´s (no vuelvo...¡buuuuffff, qué helao más pesao!), compré tabaco (en la France no iba a pagar un pastón por un paquete, of course) anduvimos por las largas, larguísimas cintas transportadoras de un lado a otro de la terminal y cuando nos estábamos aburriendo, vimos el aviso de embarque en uno de los carteles. Nos pilló a un buen trecho, así que tuvimos que correr para llegar a la puerta de embarque. Una vez allí, había una respetable cola de adolescentes franceses, monjas, argelinos, orientales...y nosotros, los últimos. El caso es que ninguna azafata se sentaba allí. Después de veinte minutos esperando, a Grego se le ocurre mirar el panel...¡horror! nos habían cambiado a otra puerta de embarque medio kilómetro más allá. Echamos a correr y esta vez nos pusimos los primeros. Cuando llegamos al avión resulta que habían cambiado de aparato, así que el maravilloso asiento de pasillo de Grego se convirtió en la temible lata de sardinas que puebla sus pesadillas. Una hora y media, señores, sentado de lado con las piernas en el pasillo, pobre mío.


En esto, que llegamos al chiquiaeropuerto de Orly (el de Túnez-Cartago es como dos o tres veces más grande), y esperamos como media hora a que saliera nuestra pija maleta de florecitas naranjitas (obviamente, la maleta la elegí yo, no Grego). Menos mal que el señor de Viva Tours seguía esperando. Nos montó en una fragoneta mu bonita y nos llevó hasta el hotel. Después de pasar las afueras, al salir de un túnel, lo primero que vi fue la torre Eiffel iluminada, parecía un faro en la noche, me emocioné tanto, que en vez de darle a Grego en el brazo para que mirara, casi lo pellizco. El trayecto fue muy bueno, como teníamos el hotel en la Ópera, en pleno centro, pudimos ver París la nuit, un montón de edificios famosos y la Torre. Enoooooooorme, yo la imaginaba como dos o tres veces más chiquita. Llegamos al hotel y cuando iba yo a desempolvar mi oxidado francés, el recepcionista, de un vistazo, nos catalogó rápidamente como españoles y nos habló con una corrección cervantina.

Éste era nuestro hotel, el Pulitzer Opéra, cuco, chiquito y limpito.

Dejamos las maletas y nos fuimos a ver París la nuit. A pesar del plano, nos despistamos un poco, pero al final llegamos a la Ópera Garnier. Qué bonita y qué grandiosa, aunque es mejor verla de día, con sus estatuas doradas. Cenamos en una terraza de un italiano (buenísima la pasta, sí señor) y nos fuimos a la camita, que había que madrugar al día siguiente, que nos esperaba el Louvre (y más, muchas más cosas de las que yo había planeado, incluido un chaparrón). Fin del primer día.

sábado, agosto 18, 2007

¡¡¡ YA ESTOY AQUÍ !!!

Buenaaaaaas... ya hemos llegado de París y ha sido maravilloso y agotador. En mi vida he tenido que subir a tantos sitios altos por taaaaantas escaleras de caracol. Pero ha merecido la pena.La verdad es que París bien vale una misa, como decía Enrique de Navarra (y una Visa, añado yo. ¡Qué caroooo!) En fin, no sé si contaros las aventuras de París aquí o abrir un blog nuevo para contar con pormenores el viaje. Material para ilustrarlo hay de sobra (hemos traído casi 1400 fotos). De momento, abrimos boca con estas fotillos:



Lamento decir que hice muchas fotos en sepia porque a mi cámara, cuando las hace en color, le da por sacarlas en todos los tonos de azul que existen, así que opté por poner la cámara en sepia cuando había mucha luz. El sepia para las fotos, es como cantar por Raphael en el karaoke, muy socorrido.


Y ésta, en colores, de Grego:



martes, julio 31, 2007

Soy una enrea

Aunque mi amigo Juan opine (y muchos como él) que Harry Potter es una castaña pilonga, a mí me encanta; por supuesto, más los libros que las películas, soy más de libros que de cine; además, creo que las películas, aunque están muy bien pueden hacer más daño que otra cosa, porque los nenes pueden dejar de leer los libros para ir a verlas y es una lástima. Y ayer me compré "Harry Potter and the Deathly Hallows"... en inglés. No pude resistirme. Lo hojeé y vi que no me resultaba tan complicado de leer, aunque hace ya cinco años que dejé la escuela de idiomas. Así que me lo embolsé por cuatro razones: a) el libro me decía "cómprame"; b) lo que vi al final, me intrigó y trastocó mis esquemas; c) así refresco el inglés y d) porque soy una enrea.
Me imagino que tardaré muchísimo en leerlo, pero me da igual. No puedo esperar a que salga la traducción al castellano, que también compraré cuando la publiquen. Esta noche empezaré a leerlo, a ver qué tal se me da Harry Potter en su lengua materna.

sábado, julio 21, 2007

Pequeñas cosas (I)

Tengo frío
y es de noche.
Quiero que me abracen
tus alas enormes.

Oyendo a medias

Me he quitado el audífono derecho. No lo soporto. Me ha salido un grano en el más recóndito repliegue de la oreja, como todos los veranos (el calor, el sudor y el roce del molde hacen de las suyas) y llevar el molde supone dolor a todas horas, y más cuando me lo pongo y me lo quito. Entonces, casi me mareo.

Así que ahora oigo a medias, pero al menos, no me duele la oreja. A veces pienso que una mañana de verano me levantaré y veré que se me ha quedado la oreja sobre la almohada. Es molesto llevar uno sí y otro no, es como llevar gafas con un cristal puesto y otro quitado. Es más molesto, porque no oigo si me llaman, no entiendo bien la tele, y a Grego lo oigo como si me hubieran puesto un trapo en la oreja. Hago como los viejos y giro la cabeza para escucharle por el otro audífono. A veces, como recuerdo a Buñuel en una foto, hago un cuenco con la mano a modo de bocina y me digo a mí misma que soy una antigua.


Así que aprovecharé las horas de la tarde sin salir de casa para andar coja del oído, pero aliviada al menos. Cómo puede una oreja doler tanto por semejante minucia. Me pondré Plasimine para que se vaya secando, pero hasta dentro de un par de días no se me secará y me seguirá doliendo. Es un dolor agudo y desacostumbrado, mareante cuando el molde toca el minúsculo grano que mis dedos son incapaces de encontrar; pero sé que está ahí, pequeño y terrible.

Esta noche tendré que ponérmelo, o si no me comportaré como una alelada. Cuando no oigo, huyo de las conversaciones, y no me gusta hacerlo. Ayer, en el karaoke había tanto ruido que me resultaba imposible hablar con nadie, salvo que tuviera que decir alguna cosa puntual, así que tenía aspecto de aburrida (me pongo a leer las letras de las canciones y a ver hasta qué punto los vídeos tienen relación con las letras; eso me entretiene...hasta que me entra sueño).

A veces me da coraje depender de esos dos pequeños elementos para poder hacer una vida social más o menos adecuada, pero tengo que reconocerles el mérito de que han cambiado mi vida, haciéndola más cómoda, y permitiéndome haber conseguido cosas que sin ellos sólo hubieran sido material de sueños.

Cuando me los puse por primera vez, tenía trece años, y me encantó llevarlos, hasta tal punto que me corté el pelo para lucirlos mejor. Por aquel entonces, atesoraba un cromo que me dio una compañera de clase del Hombre Biónico y yo quería ser como él. Estaba más tonta que mandar hacer, pero al menos el hecho de ponerme audífonos nunca me supuso un trauma. Es una suerte que siempre haya sido tan novelera; para mí, ponerme los audífonos era una novelería más que nadie más de mi entorno podía gozar. Eran un tesoro (y lo son, cada vez más caros), ¡con lo que me gustan a mí los botoncitos y las ruedecitas! Y descubrí que gracias a ellos podía manejar a mi antojo la comunicación y cerrarme a lo que no me apetecía oír, rebajar el volumen de los ruidos molestos, mientras que los oyentes tenían que aguantarse... ¡qué dos maquinitas más saladas!

Sólo en verano me dan la lata, como ahora, pero ya dependo de ellos para todo, salvo en el agua y en la cama, y me tengo que aguantar. Menos mal que quedan las siestas del sábado, sin hacer nada, para poner a descansar mi maltrecha orejita.

viernes, julio 20, 2007

¡Nos vamos a París!


Al fin nos hemos decidido por la primera idea y hemos desechado el viaje a Grecia: era caro y el recorrido no nos petaba demasiado.Me hace mucha ilusión tirarme seis días de pateo por París, sin excursiones organizadas ni subir y bajar del autobús para ver rapidito cualquier monumento; a Grego y a mí lo que nos gusta es eso, el pateo, el callejeo e ir a nuestra bola. Ahora queda por preparar el itinerario, pero, por supuesto, se admiten sugerencias de cualquier avezado viajero que haya pasado por París, toda ayuda es bienvenida.

jueves, julio 19, 2007

Anuncios Parroquiales

* Para cuantos entre ustedes tienen hijos y no lo saben, tenemos en la parroquia una zona arreglada para niños".
* El próximo jueves, a las cinco de la tarde, se reunirá el grupo de las mamás. Aquellas señoras que deseen entrar a formar parte de las mamás, por favor, dirijanse al párroco en su despacho".
* El grupo de "Recuperación de la confianza en si mismo" se reúne el jueves por la tarde, a las ocho. Por favor, para entrar usen la puerta trasera".
* El viernes, a las siete, los niños del Oratorio representarán la obra "Hamlet" de Shakespeare, en el salón de la iglesia. Se invita a toda la comunidad a tomar parte en esta tragedia".
* Estimadas señoras, ¡no se olviden de la venta de beneficencia! Es una buena ocasión para liberarse de aquellas cosas inútiles que estorban en casa. Traigan a sus maridos".
* El coro de los mayores de sesenta años se suspenderá durante todo el verano, con agradecimiento por parte de toda la parroquia".
* Recuerden en la oración a todos aquellos que estan cansados y desesperados de nuestra parroquia".
* El precio para participar en el cursillo sobre "oración y ayuno" incluye también las comidas".
* Por favor pongan sus limosnas en el sobre, junto con los difuntos que deseen que recordemos".
* El párroco encenderá su vela en la del altar. El diácono encenderá la suya en la del párroco, y luego encenderá uno por uno a todos los fieles de la primera fila".
* El próximo martes por la noche habrá cena a base de judías en el salón parroquial. A continuación tendrá lugar un concierto".
* Recuerden que el jueves empieza la catequesis para niños y niñas de ambos sexos".
* El mes de noviembre terminará con un responso cantado por todos los difuntos de la parroquia".

martes, julio 17, 2007

Me gustan...no me gustan...

Me gustan...el silencio, los mimos, los amigos, las tertulias con café, la familia, la navidad, el frío, el arte, los libros, cocinar, el campito, viajar, las playas sin gente por la tarde, las sonrisas sinceras, el Mesías de Haendel, los geranios, la ropa tendida, los pendientes largos, los helados, las manos de Grego, la siesta, comprar en Ikea, hacer solitarios, callejear por Trujillo, los zapatos, sorprenderme con la gente, las procesiones, Harry Potter, la naturaleza, los niños que aprenden a hablar, las fotos de mis amigos, patinar, las cosquillitas, los farolitos, los besos, el sentido del humor...


No me gustan...la doble moral, el calor, las patatas con carne, el fútbol, el racismo, la tele, las rebajas, regalar por san Valentín, ir al supermercado, conducir, la guerra, las películas de acción, el reggaeton, el ruido, la gente con prejuicios, hablar por teléfono, estar lejos de Grego, mi cara al levantarme, madrugar los domingos, los animales, los gritos, la seriedad, la política, los huevos escalfados, la gente que se ríe de los demás, las críticas malévolas, la estrechez de miras, los cactus, planchar, llorar en público, pesar más de la cuenta, la intransigencia, el insomnio...


Ahora os toca a vosotros.

Sigo con el post de la belleza.

Releyendo la entrada de Pepe me he acordado de que cuando me gustaba Grego, algunas personas de mi entorno se extrañaban de que me hubiera ido a fijar en él. Resulta que a esas personas sólo les gustaban los "hombres de bote", es decir aquéllos que parece que los sacan de un bote para lucirse un rato y luego los vuelven a guardar para que no se estropeen. Muchas de ellas consiguieron salir con algunos de esos hombres, y, bueno, algunas se han casado con ellos y son felices, pero otras descubrieron que sólo eran fachada y poco más, y unos coquetos incorregibles por no decir cosas peores. Sin embargo, a mí Grego me parece cada día más irresistible, no sólo por su apariencia física, sino porque tiene unos valores impresionantes y aunque no haya ido a la universidad, tiene una sabiduría que ya quisiera yo. Además tiene mucho sentido del humor, característica fundamental en un hombre (al menos para mí), y una personalidad increíble. Estoy muy, muy orgullosa de ser su mujer y cada día le encuentro más virtudes y me alegro cada día más de tener un marido como él, aunque haya quien diga que llevamos poco tiempo y que ya me cansaré. Pero creo que ya soy lo suficientemente mayor para saber que lo que tengo es lo que quiero y lo que deseo conservar. Y, desde luego, las que me recomendaban un "hombre de bote" ahora me dicen que me ven más feliz que el enano de los cuentos (y un secreto: me dicen que qué suerte tengo de que no tenga que llamar al electricista ni al fontanero ni al pintor ni a nadie que me repare los pequeños desperfectos cotidianos, jijijiji).

viernes, julio 13, 2007

Gran descubrimiento arqueológico

my pimped pic!
El profesor Gregorov, en las excavaciones de El Djem. Foto Evlita.

El eminente arqueólogo ruso, Gregori Gregorov, director de las excavaciones que la universidad de Oxford está llevando a cabo en El Djem (Túnez), ha realizado unas sorprendentes declaraciones en relación con los últimos hallazgos descubiertos en el anfiteatro de dicha ciudad. "Nos resulta sorprendente anunciar que en los restos de pinturas al fresco encontrados en el subsuelo del anfiteatro hemos hallado indicios de que en época romana se bailaba rueda cubana, aunque desconocemos cómo se denominaba entonces dicho baile", afirma el profesor." Se puede observar claramente un grupo de danzarines ataviados con túnicas cortas ejecutando en círculo y por parejas figuras de danza que nuestro asesor, el profesor Pereira Oviedo, ha identificado como "dile que no" en el fresco más grande, y en otro menor, otra figura denominada "a la playa, mariquita" ". Este hallazgo, que los entendidos sitúan al mismo nivel que el descubrimiento de la tumba de Tutankamón, aún no puede fotografiarse, debido al delicado estado de las pinturas, y habrá que pasar por una exhaustiva restauración antes de ser presentado a la prensa. "Deducimos que los romanos tuvieron contacto con una civilización extranjera, aún no sabemos si de origen africano o si tenemos que echar por tierra el descubrimiento de América en el siglo XV", afirma el profesor Gregorov.

jueves, julio 12, 2007

En alas de la danza, como aquella peli de Fred Astaire

my pimped pic!

Me perdí en Túnez

El año pasado bajé del Ausencias a echar unos tragos... Y me desperté en Túnez.Y ésa es mi cara de resaca:

my pimped pic!

jueves, julio 05, 2007

La Pili y la Eu.

La Pili y yo hemos corrido grandes aventuras juntas, mientras ella estudiaba y yo andaba por las alambres. Qué tardes tan buenas, escribiendo romances burlescos, paseando, dando la murga a la hora de la siesta, yendo a tomar café al centro andando a las cuatro de la tarde en verano, capitaneando la Bloody Storm (nuestro barco pirata), y la cama voladora, leyendo el diccionario...qué infancia, qué adolescencia y qué madurez hemos pasado, y pasaremos en cuanto la Pili se case y se venga a Montealto. Hasta llegamos a desarrollar un argot propio. Ahora colaboramos juntas en un blog delirante llamado "La mazmorra de la bruja" y seguimos riéndonos igual que cuando éramos chicas (bueno...confieso que soy casi siete años mayor...¡pero ya no se nota!). Seguimos siendo igual de gambas y si no, vean, vean nuestras francachelas:

lunes, junio 25, 2007

Hoy hablamos de Heathcliff

Cumbres Borrascosas es una de mis novelas favoritas, aunque la muerte de Heathcliff nunca me ha quedado muy clara, y me da la impresión de que la autora salió por los cerros de Úbeda para matarlo y terminar con un "Happy end", aunque a lo mejor me equivoco y es una de las mejores muertes de la literatura universal. En fin, es una lectura obligada para "ol de pipol", sea varón, mujer, mozo o no tan mozo, merece la pena conocer a Mr. Heathcliff, un personaje que, a pesar de su malignas entrañas, uno espera sorprender sonriendo o trata de atisbar en su negro corazón una mijita de ternura. No lo conseguimos, pero Heathcliff nos resulta un villano entrañable, al que se le perdona todo, porque "amó mucho".
Y la Brönte nos lo pinta renegrido como un deshollinador, pero uno, o mejor dicho, una, se lo imagina terriblemente atractivo, como le pasó a la pobre ilusa de Isabella Linton. También, cuando es un tierno infante, nos provoca una lástima infinita, y a pesar de sus trapacerías de adulto, nunca nos olvidamos de que es lo que le han hecho ser.
Heathcliff es misterioso, malvado, oscuro, impenetrable, masculino, arrogante, mandón, irascible, violento y apasionado como pocos personajes. Es un mérito que hay que reconocerle a Emily Brönte, que apenas salió de su entorno, ser capaz de pintarnos a semejante diablo, que además conocemos prácticamente por boca de Ellen Dean, la criada y narradora de la mayor parte de la historia, y por la que Heathcliff parece en ocasiones sentir algún aprecio.
Desde luego, por muchas películas que se hagan, y por muchos grandes actores que lo hayan encarnado, como el del libro no hay ninguno, se lo recomiendo encarecidamente.

jueves, junio 21, 2007

martes, junio 12, 2007

LA SIESTA

A esta hora, no hay nadie en la calle; hasta los gatos han buscado algún rincón fresco en los pasillos de las casas, y allí dormitan, estirados sobre las losas frescas. El único ruido que se escucha es el abejorreo de una mosca que sobrevuela los geranios del patio. Los dos niños están despiertos, pero vencidos por el calor, permanecen tumbados sobre la colcha, sin apenas moverse, y susurran muy quedo, de una cama a otra, para que la abuela no se levante a reñirles y los quede sin merienda. Saben, además, que el abuelo no quiere que lo molesten, después de pasarse todo el día segando. Poco a poco, se cansan y van cayendo en la modorra. Entre las rendijas de la persiana, se cuelan los rayos del sol, jaspeados de polvo. Una pequeña mosca entra y sale de las líneas de luz trazando extraños recorridos. Los niños la miran, como hipnotizados,antes de que se les cierren los ojos de calor y cansancio.
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Bajo el techado de cañizo seco, la mujer se duerme enseguida en la sombra, cansada del trabajo. Mientras, el hombre sigue segando un poco más. Se para y se seca la frente con un pañuelo apelmazado ya de sudor. Levanta la vista hacia el botijo, que mantiene en el cañizo. Pero se olvida del agua fresca cuando ve el pelo extendido, en ondas de color ámbar; la mujer se ha soltado el pañuelo para dormir, y el pelo rebelde se le extiende libre como una fuente. El hombre se acerca al cañizo despacio, para mirarla; le parece que ella está muy lejos, lejos del trabajo, del calor y de su mirada. Se agacha y extiende los dedos hacia el pelo, pero no se atreve a tocar. Si la despierta, estropearía la magia. Agachado junto a ella, la mira con una mezcla de deseo y angustia. Finalmente, se acerca al agua, bebe y se da la vuelta para seguir trabajando.

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Mientras duermes, me siento a mirar el mar. La marea está baja, como si el mar se retirara a la misma hora que los bañistas vuelven a sus hoteles y a sus apartamentos. El susurro del mar es mínimo; los sonidos han dejado paso a los olores; sólo el cacharreo lejano de los camareros fregando en un chiringuito me distrae un momento, luego cierro los oídos y abro mis fosas nasales para acumular en mi memoria el instante. El suave olor a coco de tu bronceador, el viento que infla y desinfla la sombrilla viene cargado del aroma de África, el pequeño olor húmedo de tu bañador. Abro los ojos y veo el mar como telón de fondo, y sobre él sitúo la sagrada hora solar de la siesta, el ligero vello rubio de tus brazos que agita el aire, tu cara oculta por tus mechones mojados y desteñidos por el sol y tu sonrisa de sosiego. Siesta y mar. Silencio.


martes, mayo 29, 2007

¡Jajaja, qué bueno!

Dedicado a mi hermana Guada, gran admiradora (a escondidas) de Chuck Norris.

miércoles, mayo 02, 2007

Este es mi poeta favorito

A Rabindranath Tagore lo descubrí en mi adolescencia, gracias a la "Obra escojida", editada por Juan Ramón y su esposa, Zenobia Camprubí, y publicada por Aguilar (un libro que lamentablemente, he perdido) Quizá su obra más conocida sea la obra de teatro "Amal y el cartero del rey", tan triste pero tan esperanzadora, pero la verdad es que nada en su obra tiene desperdicio. Es poética y hermosa y te parece estar allí en la India mientras lees cualquiera de sus cuentos o los aforismos de "Pájaros perdidos". Os dejo aquí un fragmento de "El Jardinero", a ver qué os parece:
El servidor: —¡Oh, Reina, ten piedad de tu servidor!
La Reina: —Terminó ya la asamblea, y todos mis servidores se han ido. ¿Por qué vienes tan tarde?
El servidor: —Mi hora llega cuando la de los demás ha pasado. Dime qué trabajo ordenas al último de tus servidores.
La Reina: —¿Qué puedo ordenarte, si es tan tarde
El servidor: —Hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Qué locura es ésta?
El servidor: —Renunciaré a cualquier otra tarea, abandonaré al polvo mis lanzas y mis espadas. No me envíes a lejanas cortes. No me pidas nuevas conquistas: hazme jardinero de tu jardín.
La Reina: —¿Y en qué consistirá tu servicio?
El servidor: —En llenar tus ocios. Conservaré fresca la hierba del sendero por donde vas cada mañana y donde, a cada paso tuyo, las flores deseosas de morir bendicen el pie que las pisa. Te meceré entre las ramas del saptaparna mientras la luna, apenas levantada en la noche, intentará besar tu vestido a través de las hojas. Llenaré con aceite perfumado la lámpara que arde junto a tu lecho y adornaré tu escabel con maravillosas pinturas de azafrán y sándalo.
La Reina: —¿Y cuál será tu recompensa?
El servidor: —Que me des permiso para tener entre mis manos tus pequeños puños, que parecen capullos de loto, y para rodear tus brazos con cadenas de flores; que pueda teñir las plantas de tus pies con el zumo encarnado de los pétalos de ashoka, y recoger, con un beso, la mota de polvo que pueda posarse en ellos.
La Reina: —Tus ruegos han sido escuchados.
Serás el jardinero de mi jardín.