Uno de los primeros fue la Nancy, en 1.974. Me vino vestida con el traje de la derecha, de jardinera. Algo más tarde, mi hermano Juan y yo estábamos enganchaditos a los Imposibles de Congost.Como éramos muy pequeños y algo torponcillos, no teníamos narices a conseguir hacerlos, y acabábamos abriéndolos, lo que era casi tan imposible como jugar con ellos.


Cuando empezó la fiebre de los Barriguitas, yo ya tenía el espíritu de la contradicción, y mientras mis hermanas jugaban con casi toda la variedad de barriguitas, yo me decanté por el Jesmarín, que era algo más grande, y tenía como gracia un botón en la panza que se apretaba y el muñeco se movía:



Y por último, un surtido de juguetes de kiosko, que en el fondo, eran con los que más disfrutaba:

Los prismáticos fueron mis favoritos, tuve un montón. Me ha hecho mucha ilusión encontrar esta foto.Y esto, todavía lo tengo. Guardo un montón de muñequitas, incluidas las que me compró mi madre cuando terminé parvulitos pequeños (tienen ya treinta y tres años, y siguen como nuevas). Son uno de mis grandes tesoros.













Grego tuvo una ataque de piedad en la Plaza de San Pedro, y , ni corto ni perezoso, se postró de hinojos a pedir para que sus alumnos, que bailaban en Guareña, quedasen en buena posición. Como así fue. ¡Hombre de mucha fe...!














